Y después de siglos vuelvo a escribir. ¿Por qué? Porque ML
vuelve a grabar, porque es domingo, porque tengo conmigo a “mi–amiga-la-libreta-que-siempre-estás-dispuesta-a-escucharme-pase-lo-que-pase”,
porque me siento más adaptada a estos lúgubres parajes o quizás porque me
quedan casi 40 minutos en tren hacia donde se extienden las Sombras (contrariando
a mi primera impresión, aquí ya descrita, no, Mordor no es la ciudad donde yo
pernocto. Esto es solamente el club de campo de los sureños moradores de la Tierra
Media).
Sin embargo, tras el paso del tiempo (¡¡¡6 meses ya!!!) el día a día se transformó en algo más humano. A medida que mi futuro se prolongaba en esta discrepante ciudad, los baches y la oscuridad dejaron de absorberme. Simplemente pasaron a ser parte del todo y sin embargo, los pequeños y luminosos detalles comenzaron a cautivar toda mi atención.
Quizás ahora comprendo mejor a Nina cuando narraba qué
romántico es pasear por una calle y toparte con un árbol que crece entre una
casa en ruinas. Quizás veo el punto de Isa, al sentir que lo que pisas son
trozos de auténtica historia. O bueno, en un plano más terrenal, la ciudad
ahora no está mal, hay de todo. Sólo tienes que saber dónde y cómo encontrarlo.
Y esto tan obvio hay veces que se pasa por alto. De tontos está el Mundo lleno pero yo siempre he apostado por el equilibrio. Así que mientras más necios me cruce por el camino, más esperanza debería tener, puesto que los listos tienen que estar “arrejuntados” en alguna parte y con suerte, no demasiado lejos.
Por ejemplo, no hace mucho,
estando en el “Corte Inglés” alemán, a una dependienta le faltó llamarme
imbécil en toda mi cara (digamos por suavizar...Idiotin....) por un
error propio que nunca fue capaz de reconocer. Y señora, rectificar es de
sabios y la humildad es una virtud. Sinceramente no entiendo por qué, tan a
menudo, está el entorno a la defensiva.
En el fondo fue una tontería, yo sólo
quería saber cuando costaba una tela que tenía un doble etiquetado y me dijo
que el precio menor era correcto pero, a la hora de pasar por caja, se marcó
más del triple. Cuando la advertí del error, fue a
consultar a una compañera. Al parecer, la colega confirmó que el precio válido era el caro, porque vi como rascaba con la uña la etiqueta barata y acto seguido, comenzaron a charlar.
Al ver que no volvía a la caja, me
acerqué a ellas, pregunté de nuevo y la señora se volvió cual Gorgona
despeinada, desgranando por las fauces que ella JAMÁS me había dicho nada con
respecto al precio menor, que qué pasaba conmigo, que si no entendía o qué y
que grrrgrrgrr... (NOTA: Todo esto en alemán... imagina que te grita alguien en
un Corte Inglés y encima en alemán... ¿a que acojona más?) (Siento el lenguaje,
me ha salido del alma).
Así que volvió a su caja, y me
volvió a cobrar el fieltro, al precio desorbitado por supuesto. Mi cara, un
poema... y a pesar de defenderme verbalmente lo mejor y más educadamente que
pude, me sentí pequeña y abrumada. No, no compré la tela y salí con la cabeza
gacha y con ganas de llegar a las 4 paredes entre las que habito para encender
el ordenador y contarlo a través de una pantalla...
Ahora cada vez que paso por esos
almacenes, me acuerdo de la señora y de un montón de respuestas ingeniosas que
sólo llegan a la mente como mínimo 2 horas después de que haya ocurrido el
“suceso”. Y tristemente, se suelen quedar mejor grabadas en la memoria las
personas que esputan en lugar de las que hablan normalmente.
Pero claro, también me paro a pensar que
no son todos así, que por ejemplo, qué amable y apañá’ es la chica de la
tienda de la “Plaza del Sur”. La ropa es monísima y carísima: Sí. Pero cuando
le dije que iba a salir por la tele se ofreció a traducirme el e-mail, a
interpretar el código de vestimenta y encontrar algo adaptado a los restringidos
cánones impuestos por el juego de luces y cámara. (¿No he contado que voy a
salir por la tele? próximamente en las pantallas de sus ordenadores ;) ).
De hecho, todos estos detalles no tiene importancia,
las manadas de tontos fundan las anécdotas del día a día.Retomando el hilo, lo único que verdaderamente importa son las personas que te sacan una sonrisa a diario. Los que soportan tus historias de señoras histéricas y personajes surrealistas aunque sea por medios virtuales. Los que sin venir a cuento te regalan chocolate, te cocinan comida casera o te llevan una cervecilla a casa. Los que te muestran los encantos ocultísimos de estos parajes o los que te acompañan una mañana de un helado domingo al zoo.
En definitiva, la gente que quiere ayudarte y sencillamente, hacerte más feliz.
Así pues, invitados estáis al
lugar donde, entre graffiti y graffiti te puedes comer los mejores mejillones a
la crème fraîche que he probado nunca.
Donde entre edificios abandonados hay una escuela de idiomas con sofás
en lugar de sillas. Donde, entre la penumbra, en el corazón más oscuro de un
parque, hay un invernadero reconvertido en un curioso restaurante. Donde, junto
a cualquier obra, andamio o bache, puedes encontrar un bar para recordar, puesto que una
vez estuviste allí riendote con tus amigos.
Sí, seguiré diciendo que es una
ciudad para aparentar, sobre la que, preguntes a quien preguntes, te dirá que un
día estuvo de visita y la estación y el centro son maravillosos. Pero amigo, no
te salgas de ahí.
Y aun con todo eso, aun estando en
una casa sin sillas, sin cuadros o sin un cazo, aun sin haber visto el sol
desde hace ¿3 semanas? Siento que esta parte la Tierra Media ha conquistado un pedacito de
mi corazón.
Gracias a los que estáis lejos
pero me hacéis sentiros aquí cerca y gracias especialmente a la fantástica
gente que he conocido aquí. Gracias por hacer de mi estancia algo bello e
inquietante. Gracias de corazón.
PD1: ¿Sabe usted lo que es la
tila? ¿Y el All-Bran?
PD2: Hay un árbol y hay un río. Se
cae el árbol y salpica el río.
PD3: Señora, quédese usted con su
tela y adórnese el toto si el apetece, porque se ve que las bragas de esparto
escuecen un poco.







