Jueves 26 de abril.
Hace cuatro días me declaré oficialmente como totalmente
recuperada y me incorporé de vuelta a la vida sana, libre de expectoraciones. Ha
tardado lo suyo pero no tosí ni una sola vez, no tuve que usar ni un solo Tempo
y ya puedo inspirar profundamente.
Además, me gustaría anunciar que este finde me lo tomo de
vacaciones y estoy muy contenta porque he oído que vamos a tener 25ºC, tras una
intensa semana gris húmeda.
Así pues, aprovechando el puente y las temperaturas, me
marcho a establecer contacto únicamente con gente que sabe limpiar sus propias
mucosidades.
Por otra parte, antes de ayer se hizo otro anuncio oficial
por la mañana temprano, se presentó el primer día de catarro en fase grave de
la pequeña y por tanto, se tuvo que quedar en casa. La hermana mayor tenía
dolor de barriga y también se quedó en casa.
Os dejo un par de segundo para que os realicéis en mi cara a
las 7 de la mañana cuando escuché la noticia.
...
...
...
Sí, un poema de 7 estrofas con rima asonante en los versos
pares.
No sólo porque esas horas de paz en mi vida, entre las 9 y
las 12:30, son tremendamente apreciadas, si no porque aún no estoy preparada
para asumir un nuevo nivel en mi súper poder de inmunidad absoluta.
Hablando claro, que me toca la moral de una manera soberana
volver a pillar un tagardinazo el único fin de semana que tengo planes. Quiero
excusarme por el lenguaje empleado pero no encuentro mejor manera de formularlo
en este instante (rectifico, mejor, sí. Que hiera menos sensibilidades, no).
Y el panorama no pinta bien. Vuelvo a lavarme las manos
infinitas veces, cada día el Amazonas me importa menos y uso cientos de clinex
nuevos para la naricilla chorreante o incluso, hay veces que la niña me hace
caso y se los limpia ella sola. Y donde digo “limpia” quiero decir “restriega”
y donde digo “sola” quiero decir “por toda la cara”.
Pero lo mejor es la hora de ingerir alimentos. Ella sabe que
hay que taparse la boca para toser pero, ¿cómo haces eso cuando tienes un
tenedor en una mano y un cacho de pan en la otra? Fácil, no lo haces. Es mucho
más divertido que el contenido de tu boca se proyecte en los platos vecinos y
sobre las personas de tu alrededor. Y cuando ese contenido es papilla, es aún
más divertido.
Así que desde hace tres días, dado que ella se sienta a mi
derecha, como con una ligera rotación propia, unos 20º respecto a la posición
original de la silla, que me otorga cierta ventaja a la hora de proteger mi
plato con mi propio brazo cuando acontece una esputación inminente.
Respecto a la hermana mayor, lo del dolor de barriga
coincidió justo el lunes, el día de su cumple, cuando estaban todos los regalos
sobre la mesa a la hora del desayuno.
Para los cumpleaños, es típico poner una mesa decorada con
flores, velas, muñequitos, etc. y situar los regalos en una zona especial,
también decorada, estilo Navidad bajo el árbol, sin embargo, hay un orden para
abrirlos.
Por la mañana a las 7, desayunamos Marmorkuchen con Smarties
(los lacasitos chiquitines) y la niña sólo puede abrir un regalo. El resto, se
van dosificando, por ejemplo, uno a la vuelta del cole, otro después de comer,
otro después del violín...hasta que llega el padre, están todos juntos, y se
abren los más grandes. Problema: cuando llega el padre es tarde, así que una
vez completada la ceremonia, se cena y a la cama. ¿Emoción asegurada durante un
día entero o quizás se podría considerar un poquito cruel?
No lo sé, pero puedo afirmar que tanta tensión y excitación
contenidas durante la noche anterior y el propio día, provocan síntomas agudos
de “casitis”.
Sin embargo, el lunes no coló y tuvo que ir a clase.
Volviendo al dolor, también coincidió el martes (se quedó en casa), quizás cuando
tenía la sensación de novedad de tantos juguetes, y también el miércoles y el
jueves, aunque finalmente hoy ya sí ha ido al cole.
Esta situación es un pequeño contratiempo que amenaza con
alterar el nivel de orden recién alcanzado en mi vida. Pero no hay que darle
más importancia, ¡no ahora que todo comienza a tener sentido! Una síntesis:
1º) Tengo una habitación nueva y definitiva.
2º) ¡Voy a un curso de alemán!
3º) ¡Tengo un proyecto de amiga y un proyecto de otra cosa
que aún no sé qué es!
1.
La habitación
Mi bello apartamento, con sus ventanales panorámicos y su
ducha de chorritos ha pasado a ser lo que ha sido siempre, la otra parte de la
casa. Tristemente, esa residencia adosada pertenece a los abuelos maternos, los
cuales vienen eventualmente a pasar unas vacaciones o algún fin de semana desde
una ciudad tan aburrida como Frankfurt a un lugar tan apasionante y lleno de
vida como es mi querido Jardín de Nabos.
En la vivienda real, había una habitación que los
progenitores denominaban “despacho” y yo llamaba el “lugar con más papeles por
medio que he visto nunca, exceptuando mi experiencia en EEUU” (pero eso juega
en otra liga).
Esa habitación ha sido durante un par de semanas
paulatinamente desalojada y convertida en un amplio dormitorio de techo
abuhardillado con un gran balcón y los muebles justos para subsistir (pero me han
prometido visita a IKEA en breve para dar un poco de color. También admito si
alguien tiene tiempo y ganas, fotos/dibujos/lo que sea que me llegue por correo
para dar un toque de vida a tanto espacio vacío).
Mientras tanto, el salón del adosado en el que yo
pernoctaba, se iba semi-transformando en el nuevo despacho, con una diferencia
abismal, no tengo ni idea a dónde han ido a parar tantos los papeles. Supongo
que al sótano, lugar que evito a propósito porque tiene tantas habitaciones y
tantos trastos, que el día que investigue allá abajo, será probablemente el
último día en mi vida que vea la luz del sol.
El derecho de uso del baño chachi-piruli sigue siendo
mío, propio y exclusivo, exceptuando en aquellos lapsos temporales en los que
los abuelos vengan a casa.
¿Triste? No. Me gusta mi nuevo cuarto aunque ahora la
atmósfera en un poco blanca y fría. Si tuviera que señalar un problema, sería
el compartir pared con la niña pequeña, provocando que mis conversaciones por Skype
se desarrollen siempre antes de las 20:00. Mal menor, porque a las 22:00 tengo
el “modo zombie - on” y se me cierran los ojos solos.
2.
El curso
Tras una búsqueda intensiva, la madre y yo descubrimos en lo
que podría equivaler a una Casa de la Cultura, todos los lunes y todos los jueves
por la tarde un curso de alemán adaptado a mi nivel.
¿La Casa de la Cultura de dónde?, ¿del poblado? No. ¿Del
pueblo “cercano” donde está el Ayuntamiento al cuál pertenecemos? No. De la
ciudad gobernante de esta comarca, que a su vez es el sitio más cercano donde
hay estación de tren. Esa ciudad se llama Reutlingen y mucha gente no la
considerará nada del otro mundo. Pero para mí, la más de media hora en autobús
por carreteras comarcales, las más de 10 paradas que hay entre medias y los
andamios y obras que veo al llegar es el camino y la puerta al paraíso.
Puedo cargar el móvil, sacar dinero, comprar champú, coger
un tren, e incluso quizás encontrar una tintorería, o en un ataque de locura y
desenfreno, ¡probar suerte con lo de cortarme el pelo!
Lo que me he encontrado en clase es...especial. Comenzando
por la profe, siguiendo por los alumnos y terminando por la forma de impartir
clases. Pero creo que eso va a dar para largo. Por ahora lo dejo en que los
lunes y jueves, de 18:00 a 20:30, hago algo como aprender alemán, más media
hora de ida y media de vuelta, que suelen convertirse en más porque los
autobuses dirección Jardín de Nabos salen cada hora :)
3.
La amiga y la otra cosa
Las etapas esenciales que explican el comportamiento de un
ser humano, dijo si mal no recuerdo el amigo Maslow, se tienden a satisfacer en
sentido ascendente de la pirámide. Mis “necesidades fisiológicas” estuvieron en
todo momento cubiertas, siento que las de “seguridad” se acaban de completar,
por tanto, allá vamos con la siguiente.
- No vas a poder resistirte
contra mí, no si ya te he vencido tres veces desde cero: “Aceptación social”,
prepárate para morder el polvo porque muy pronto vas a sucumbir rendida a mis
pies, juas-juas juas. (No hace falta que recuerde lo del sillón y demás, ¿no?).
Y es aquí como comienza la
historia que a su vez es el principio del fin (tranquilidad, del fin de este
capítulo). Hasta la madre se la familia se tuvo que dar cuenta que mi vida rayaba
la monotonía cuando decidió presentarme a mi “proyecto de amiga”, una alemana
de bolsillo, con una curiosa forma de caminar, profesora de violín de la hija
mayor. En torno a 28 años y recién casada.
Denominador común según la madre:
tiene un marido de algún sitio que habla español, de Perú, y ella algo de tu
idioma sabe. Al final no era Perú, era de El Salvador y aún no he tenido el
gusto de conocerlo y no, ella no chapurrea español, estoy casi segura de que
podría conjugar el pretérito imperfecto del subjuntivo del verbo satisfacer.
Hasta ahora sólo hemos tenido un
encuentro, pero ya me ha planteado asistir con ella a sesiones de Saltensudenconmallen
(por decir algo puesto que es evidente que tengo ni idea de qué deporte
hablaba) en el gimnasio en otra ciudad, ciudad donde hago el curso de alemán.
Además, me ha ofrecido amablemente entrar en su grupo súper abierto religioso
de la iglesia evangelista, donde se reúnen y hablan y hacen cosas de jóvenes.
Estooooo, me lo pienso...
Pero para acabar, tengo que
nombrar por encima a la “otra cosa”. Uno de los ejemplares con los que cohabito
en mi nuevo curso de alemán es, casualmente, otra Au Pair. Para más asombro,
tampoco vive en la ciudad, ni siquiera en el pueblo cercano donde está nuestro
ayuntamiento. Reside en otra aspiración a poblado, llamado Of-bla-bla-bla-ingen
o algo así, pero con muchas más pretensiones que Jardín de Nabos.
Fortuitamente, esa aldea se encuentra de camino a la mía, así que siempre
coincidimos en el bus.
La chica en cuestión viene de
Ucrania, lleva aquí desde septiembre y su horario de trabajo es de 8:00 a
13:00, cuando los niños están en el colegio. Curioso.
¿Y por qué la denominación de
“otra cosa”? Porque hasta ahora, mis intentos de acercamiento han sido
indudablemente extraños. No quiero prejuzgar más de la cuenta, pero en el bus
me observa en silencio, como analizándome con los ojos muy abiertos y cuando
habla, gira la cabeza, mira al infinito y se pone un papel delante la boca.
Luego deja las frases a medias y me dice “nada, nada, no importa”. Ah, y he de
especificar que creo que entre nosotras “hablamos” alemán aunque no estoy muy
segura.
De dos cosas sí que me he
enterado, en su casa trabaja más limpiando y cocinando que con los niños (el
más pequeño de su familia tiene 6 años) y quiere que nos hagamos ¿20 km? en
bici hasta la verdadera ciudad (no la del curso, si no una que tiene Universidad!!!)
que total, sólo se tarda una hora.
En realidad son tres cosas: me ha
ofrecido amablemente entrar en su grupo religioso de la iglesia católica, donde
no hacen cosas tan guays como los evangélicos, pero es que aquí lo de ser
católico no se lleva. Estoooo, me lo pienso...
Así pues, visto lo visto, o misa
en alemán o deporte, aderezado siempre con nuevos mocos y toses. Comienza un
nuevo ciclo, pero antes, ¡¡¡me voy de puente!!!!
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