miércoles, 4 de abril de 2012

2.- Para Sole, con cariño.

Mi primera frase hoy, así como mi primer pensamiento fundamentado cada día, van totalmente dedicados con mucho cariño para Soso, Silverio y Auxi.
Tras casi una semana aquí, me estoy empezando a acostumbrar, pero los primeros días han sido ciertamente complicados.

Llegué un jueves por la noche, directamente desde mi curso de alemán en München, en dirección a lo que se suponía que era Reutlingen. El primer tren era una especie de AVE que me dejó de pasada en una estación con aires de apeadero llamada Plochingen. Al mirar mi billete, descubro que mi siguiente tren sale en menos de 10 minutos desde el andén 59, cuando yo me encontraba en el andén 3.
Presa del pánico y las prisas, empecé a correr con mis cargadas bolsas a través de unos túneles, siguiendo las flechas que señalaban al 59. A trancas y barrancas subí unas escaleras hacia el andén 9 y 10, según las indicaciones. Tras investigar un poco, al más puro estilo Harry Potter, aparece en medio de los dos andenes una columna con un 59 y detrás espera un cutre-tren que no llega casi a diligencia, con ¡nada más y nada menos que 2 vagones!

Si el quasi-AVE se paró en 4 estaciones, éste tenía que compensar. Por tanto me recorrí todos y cada uno de los pueblos grises de Baden Württemberg sur. El problema era el señor del altavoz. Hasta el jueves yo pensé que el boarisch1 (ver nota a pie de párrafo) era lo peor que había escuchado en cuanto a dialectos se refiere. Cuán equivocada estaba. Gracias al Schwäbisch2 del susodicho señor no podía descifrar si quiera el lado del vagón por el cual me tenía que bajar (links oder rechts).
1* Boarisch: También conocido como bairisch; dícese de esos sonidos guturales similares a los típicamente emitidos por los cabreros andaluces pero fundamentados en una base de alemán y producidos consecuentemente por la gente de Baviera.
2* El Schwäbische Dialekte contiene oficialmente 5 variedades: Niederschbäbisch, Oberschwäbisch, Ostschwäbisch, Allgäuerisch y Enztalschwäbisch, distinguibles según cómo de atroz consideres la aberración de echarle mayonesa a la Kartoffelsalat.

Con la tensión y el cansancio, miraba la hora cada dos por tres, sabiendo que a las 19:27 llegaba a mi estación. Así pues, a las 19:25, consigo leer por la ventana “Reutlingen-Sondelfingen”. Cual hija del rayo y clamor de los vientos, cogí todos mis bultos y salté desde mi asiento al andén. Entonces descubrí lo que es en realidad un apeadero de cabras y no donde yo había estado antes.
Sí, probablemente lo habéis adivinado. No era mi estación.

(Erklärung: Aquí los pueblos pequeños dependen de uno más grande, entonces, para que se sepa, llaman a los pueblos “Nombre de pueblo grande -  Nombre de pueblo pequeño”. Quizá mucha gente lo encuentre lógico, pero como Arriate se ha llamado toda la vida Arriate y no Ronda-Arriate, a mí me ha costado pillarlo.)

La parte en que la madre no me cogía el teléfono y demás me la salto, porque el resumen es que al final el padre me encontró, me recogió con el coche y conseguimos llegar a casa a las 20:30. Sin apreciar la arquitectura que me rodeaba, me fui casi directa a la cama, tras unas no tan breves explicaciones alemanescas de cómo funcionan aquí las cosas.

La cuestión es que el viernes a las 7:00 estaba en planta, con dos rubitas que me miraban extrañadas tras unos enormes ojos azules. Si tuviera que escoger una palabra para definir el viernes sería “estrés”. Había dormido fatal, la madre tenía una entrevista en la universidad en Stuttgart, el padre trabajaba, la niña mayor se puso mala del estómago (casualmente tenía ese mismo día un examen de matemáticas) y tuvo que venir la abuela. No una típica adorable y frágil abuelita. No. Una señora de casi 1’80, totalmente cuadrada, el pelo blanco muy muy corto, con una furgoneta y cara de muy pocos amigos.

Además por la tarde vinieron varios vecinos con varios niños a conocerme, mientras que las niñas querían enseñarme todos sus juguetes y juegos.
Pero sobre el contacto humano me extenderé en las próximas entradas. Por ahora lo único que puedo decir es que me declaro oficialmente como “la nueva atracción de esta aspiración a pueblo”, que por no tener, no tiene ni un supermercado.

Ni un supermercado, ni correos, ni tren, ni una droguería, ni nada. Hay una panadería, una carnicería que tienen un poco de todo (estilo Pacón, para los rondeños), un buzón,
y dos iglesias de distintas religiones. Una de las cuales está justo al ladito de casa y tiene una torre con un reloj que suena cada 15 minutos, sea mañana, tarde o noche.
Ah, sí, se me olvidaba, también hay una pizzería (a punto de cerrar) y un restaurante croata.

Pero de la casa, no tengo queja ninguna. El padre de la familia feliz es arquitecto. Ha construido la casa desde cero y es alucinante. Todas las paredes con ventanales, jardín alrededor, escaleras de madera... y los dormitorios tienen dos ambientes, uno ras del suelo y uno igual de grande abuhardillado en una segunda altura. Impresionante. Por no hablar de la cocina con su máquina de café incrustada en la pared o del sótano gigante, o de los columpios del jardín,  la cama elástica, etc. etc. etc.

Pero lo que más me gusta sin duda es mi apartamento. Adosada a la dulce morada hay una maravillosa casita, de unos 50 metros cuadrados, con una cocina burdeos, baño, dormitorio y salón, donde yo habito. Ventanales al jardín, televisión, internet... pero lo que más me gusta es la ducha. Suelo y paredes de gresite, luz propia y una de esas columnas de hidromasaje y regulador de temperatura, de la cual salen chorritos disparados...

Ese es mi momento todos los días. En el que desconecto, con el agua muy caliente, los ojos cerrados y la radio de mi maravilloso teléfono que no necesita ni cascos ni altavoces ni nada para funcionar.
No más llantos porque el vaso de la mesa tenía ovejas en vez de flores, no más “Rossioo, vamos al jardín”, no más “Rossioo, nsdci<jncviusadvcboxzsdcnzlnc” (lo siento, no te entiendo, estás mellada, hablas algo parecido al alemán y tienes 3 años) o no más “Rossioo escóndete debajo de esa mesa minúscula aunque luego te quedes atascada y no puedas salir”.

He de decir que no todo es tan malo como parece. Simplemente se me había olvidado qué es vivir con niños, pero ya lo estoy superando. Sin embargo, no puedo evitar agradecer y acordarme todos los días de Soso y aquel maravilloso móvil que me regaló.

PD: Más detalles de qué me depara el destino en “Jardín de Nabos”, así como de la convivencia con una familia típica del fondo de los marcos de fotos de los chinos en la próxima entrega.

1 comentario:

  1. Ya estas un poquito mejor,en la próxima eres la reina del mango.

    ResponderEliminar