jueves, 19 de abril de 2012

5.- Cuando un día cualquiera deja de serlo.


El 16 de abril, yo estaba aquí en cuerpo pero no en alma. Cada vez que cerraba los ojos, volvía a los pasillos ocres, a la puerta de aquella aula cutre, a mis padres, a los nervios y al traje de chaqueta que no terminaba de cerrar, a casa de Luisa a las 12 de la noche de antes, al cronómetro y al tartamudeo. Pero sobre todo, al después de salir, a aquella sensación vacilante entre vacío y vértigo, que te produce ganas de llorar y de reír, de echar a correr sin pensar en nada, que te aísla sutilmente, como si flotaras en una nube.

Entonces me hubiera encantado regresar a la ETSII (pensé que no volvería a afirmar eso nunca) y dar todo mi apoyo a esos nuevos ingenieros en el paso final. Compartir todo lo que ellos compartieron conmigo, ser una de esas caras que te sonríen a la salida, te agasajan con cumplidos y participar en ese vértigo y felicidad que yo sentí hace no tantos meses.

Pero en su lugar me encontraba aquí, bregando con un par de mini-alemanitas por no acabarse la comida, por no recoger o por cualquier nimiedad esporádica típica de los adultos, como cada día.

Cada día de estas dos semanas largas ha sido protagonizado por el caos. O al menos eso me parecía y creo que esa incoherencia se ha visto reflejada en el blog.
Por suerte, dentro de cada caos hay siempre un movimiento armónico. Sólo hay que saber observar. Y para mí ha llegado el momento de dejar de agarrarme excusas y centrarme, que es a lo que he venido.
- Me encantaría tener la determinación y las ideas claras, como Eva. -

En consecuencia de este estado mental, mi primera acción va a ser poner un poco de orden en el blog. Y posteriormente, en mi vida.
Por ello, hoy simplemente voy a contar cómo transcurre un día cualquiera en este apacible Jardín de Nabos.

Todos los días, entre semana, suena mi despertador a las 6:45. En un estado zombi, me visto y subo a zambullirme en la energía matutina de las niñas. Hay dos tareas principales, que turno con la madre, dependiendo del día de la semana. Preparar el desayuno o cambiar el pañal y vestir a la pequeña.
A todo esto, creo que nunca lo he dicho, pero, la madre, a sus recién estrenados 40, ha decidido volver a estudiar. De base es ingeniera civil, pero ahora quiere dar clases para FP y necesita un master de pedagogía o similar. Por eso estoy aquí.

Las mañanas no suceden lo rápido que a mí me gustaría, pero en mi estado catatónico de “no entiendo alemán y menos cuando son las 7 a.m.” entro en rutina robótica fácilmente.
  1. Hora del desayuno, comienzo apacible hasta el “- no quiero más”.
  2. Derramamiento de Colacao o similar. Táctica de distracción por mi parte; no funciona.
  3. Intento por las buenas; no funciona.
  4. Llanto vs. lucha psicológica, ella llora más fuerte; no funciona.
  5. Chantaje, “- si no terminas, no jugamos luego”; la balanza se inclina un poco.
  6. Chantaje, “- si no te acabas esto, no vas a la guardería”; empieza a analizar la situación.
  7. Negociación, “- si te lo acabas, buscamos caracoles por el camino”; logro desbloqueado (en alemán).
En cierto modo es útil, porque es algo más difícil (y más barato) que un master en una escuela de negocios y siempre tengo que innovar. Si los progenitores aún no se han marchado, también intervienen, aunque muchas veces pienso que con ellos llora aún más.

Así pues, con la barriga más o menos llena, a alguna hora entre las 8 y las 9 estamos de camino al Kindi (traducción literal de "la guarde'") mientras buscamos caracoles. Si a mí me hubieran ofrecido de pequeña quedarme en casa o ir al colegio, creo que mis padres saldrían perdiendo. Pero una vez más, aquí nos regimos por la lógica de las espinacas. Por cierto, anoche cené espinacas.
- Qué útil serían la energía y el buen humor de Patri. -

Por tanto, antes de las 9 estoy normalmente en casa. La hija mayor, afortunadamente, va sola al colegio. Y en cuanto regreso a casa, reina el silencio y me sumerjo en la ducha. Así empieza mi tiempo libre.

La cama me llama con fuerza y me llama en español, con voz muuuuy melosa. Sin embargo, no le hago caso porque, ya que estoy levantada, aprovecho.
Cierto que es mi tiempo libre, pero debo desempeñar mis tareas del hogar, es decir, el arduo y laborioso esfuerzo de sacar las cosas limpias del lavavajillas y posteriormente, meter las cosas del desayuno.

Después, lo típico: revisar correos, indagar cuándo y dónde hacer un curso de alemán, buscar billetes para irme a España de vacaciones, averiguar con qué medio de transporte público se puede salir de este pueblo... Es decir, lo normal en caso de no tener vehículo propio.

Tengo que proclamar a los 4 vientos que ya me ha llegado por correo el CARNÉ DE CONDUCIR (y por cierto, salgo muy mona), pero al parecer, lamentablemente el día que regalaron los Mercedes en este pueblo yo aún no había llegado.
En su defecto, estoy por pedirle el Porsche Carrera al vecino de frente, que siempre tiene la puerta del garaje abierta, de manera ostentosa, como para mirar y no tocar (Finger Weg!!). Digo yo que esas cosas hay que usarlas o se oxidan y total, por las mañanas tengo mucho tiempo libre. Podría aprovechar para practicar un poco y sería como un favor mutuo...

La búsqueda y divagación dura hasta las 12:20, cuando vuelvo al Kindergarten (jardín de infancia) tirando de un triciclo. Recojo a la niña y vuelta a casa. Suerte que estamos a tan sólo 8 minutos (más si buscamos caracoles o aplastamos lombrices).

Y sobre las 12:30 empieza lo complicado. En una hora tengo que cambiar un pañal, calentar la comida, poner la mesa y a la par, distraer a la niña y hacer tiempo hasta que llega su hermana. El gran problema es que tiene hambre, sueño y sed a la vez, pero no quiere ni comer, ni beber, ni dormir. Consecuencia: el más pequeñísimo contratiempo se transforma en una catástrofe magnánima y desencadena un torrente de lágrimas y alaridos difícil de contener.
- Ojalá supiera el secreto de la calma y tranquilidad propias de Juan -

Podemos jugar a las casitas hasta que tengo que desempeñar un papel no compatible con acercarme a la cocina: llanto. Otra opción es colorear hasta que se le ocurre empezar a recortar (su actividad favorita de todas las actividades del mundo mundial), por ejemplo un libro o se dedica a correr con las tijeras en mano. Cuando le digo que pare: llanto. Así múltiples posibilidades. Hoy he probado con el baile. No ha tenido efectos secundarios dañinos, si no contamos que tanta vuelta marea y agota, así que quizás haya encontrado una solución hasta que se canse de ello.

A las 13:20 (tremendamente tarde para ellos), llega la mayor, comemos las tres juntas y tras almorzar, quito la mesa. Si ésta tiene que hacer deberes (casi siempre), la pequeña termina jugando sola o con su amiga imaginaria Jasmin (a veces da muy mal rollo, pero dejo los detalles para otro día) o quizás se queda dormida. Cuando no, hay dos posibilidades: las tengo pegadas a mis piernas para que hagamos algo juntas o empiezan ellas solas y normalmente terminan en disputa.
- Debo ser vital pero serena, como Marta. Seguro que a ella esto se le daba mejor. -

Hay veces que me zafo algo más y otras que no tanto, así que, hasta que llega la madre (entre las 14:30 y las 17:30, en función del día) tenemos tres entretenimientos estrella:
  • El “escondite”. Cuando se juega al escondite con una niña de tres años, no suele funcionar la versión original. Si ella se esconde, en cuanto entras en la habitación, sale de su sitio riendo a carcajada limpia y es mi turno. Entonces me dice donde me debo ocultar, espera a que lo haga, se va de la habitación cerrando la puerta y tengo que llamarla a grito pelado ipso facto. Evidentemente, siempre me encuentra. Esto puede convertirse en un bucle infinito, durante el cual paso la mayor parte enroscada en sitios a priori imposibles en lo que a tamaño se refiere.
  • El accidente. Igual o más divertido, es el juego al que jugamos en mi cuarto. Como yo soy ya una niña grande y tengo la increíble suerte de dormir en una cama sin barandas, hay que aprovechar. El tema consiste en sentarme sobre el colchón y observar como desde la pared de enfrente, cogiendo carrerilla, se acerca un torbellino rubio que procede a saltar sobre mi barriga y derrumbarme. Ella pretende que en la siguiente vuelta, haga yo lo propio, pero en comparativa de tamaños, creo que sale un poco perdiendo y más aún ahora, puesto que desde que llegué, hay chocolate de Pascua disponible día sí y día también.
  • Mamá, papá, perro, gato y bebé. Es el preferido de la hermana mayor cuando no tiene ensayo de violín, clases de violín, deberes, exámenes, esgrima, o cualquier otra variopinta actividad vespertina. Problema, sólo somos 3. Solución, los papeles son rotativos. El bebé está bien porque sólo tengo que llorar y pedir cosas. El padre me permite ausentarme corto períodos de tiempo para "trabajar". La madre hace demasiado y más si la hija mayor desempeña el rol del bebé, pero los animales de compañía, sí que no son lo mío. Andar a cuatro patas, atada con un ovillo de lana, mientras mis rodillas colisionan contra la madera y a la par, ladro, es demasiado.
- Supongo que si Tamara estuviera en mi lugar, sería más fuerte y determinante y no se dejaría torear tan fácilmente. -

Mi juego favorito es: vosotras os vais al jardín y yo miro desde aquí dentro porque ¡qué lásssstima!, no tengo zapatos adecuados para ir al jardín. Pero, lamentablemente, no suele hacer buen tiempo y cuando lo hace, la diversión sin mi presencia no les parece tan amenizada.

Pero desde que llega la madre (franja horaria factible de 14:30 a 17:30), todo sucede a mayor velocidad. A veces me voy un rato a mi cuarto, otras, hablo con ella mientras cocina y las niñas revolotean. No pasa mucho más tiempo hasta que el padre aparece y procedemos a cenar (18:30).
No voy a describir cómo se puede complicar esta hora y en función de que parámetros, pero abreviando que ya me he explayado mucho más de la cuenta, entre las 19:30 y las 20:00 es la hora de contar/leer un cuento. Cada día me toca con una y el padre o la madre con la otra.
Estoy orgullosa porque a lo tonto, mejoro mucho mi pronunciación, velocidad y pausas de lectura en voz alta, cosa de la cual nunca me había preocupado.

Pero el colofón del día se alcanza con la canción de buenas noches. Este trabajo lo desarrollo convenientemente con la que no ha podido disfrutar de mi versión nocturna de la historia e increíblemente, es lo único que hago en español y ellas así lo prefieren: el señor Don Gato, Marco, el arca de Noé, repertorio Singstar Disney...
Tras mi maravillosa y espiritual oda, deleitada con mi asombrosa interpretación, procede la niña en cuestión a dormirse. Yo, en serio, hay ciertas cosas que nunca entenderé.

Por eso, el día que la madre no me coge por banda para contarme con pelos y señales algo sumamente interesante, puedo retirarme a mis aposentos y principalmente, en lo único que pienso es en dormir.
- Vale, también pienso ¿algún día desarrollaré la paciencia de Luisa? ¿Algún día aprenderé más de ella? ¡Cómo la echo de menos! -

Eso es todo y por ahora está más o menos bajo control. Opiniones hay para todos los gustos, aunque casi todas coinciden al final en que estoy un poco(o muy) loca. Sin embargo, sé que esto es lo que quiero hacer en este momento.
Eva, Juan, Luisa, Marta, Patri y Tamara, os quería dedicar esta entrada porque os admiro, porque me hubiera gustado estar con vosotros en vuestro cierre final y aunque quizás os hagan regalos más chulis, os la dedico porque os la merecéis.
Os deseo lo mejor como ingenieros, y si tenéis dudas futuriles como yo, espero que vuestras ideas se aclaren lo antes posible. Sólo una cosa más, creo que después de tantos años entregados a la ETSII, considero que no es malo tomarse un tiempo para pensar. Pero hagáis lo que hagáis, disfrutad con ello.

PD1: Me he saltado las bodas de plata, pero al ser las bodas de plata más extrañas en las que he estado nunca, casi se merecen una entrada para ellas solas.
PD2: ¡¡Enhorabuena a todos de nuevo!!

2 comentarios:

  1. Enhorabuena a todos nuevos licenciados,espero que las circunstancias cambien pronto y se reconozca la estupenda generación que sois.

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  2. Enhorabuena, gracias por volver a escribir. Mucho ánimo y mucha fuerza, eso sí aprender alemán lo aprenderás y muy bien.

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