Vértigo.
Creo que al final he encontrado la palabra perfecta para describir la sensación que lleva rondando por mi mente desde hace un par de días. También la de volver a retomar el blog, aunque esa semilla empezó a germinar hace bastante más tiempo. Sin embargo, la simple mención de cómo hacerlo o cómo pedir perdón a aquellos que tantas veces les prometí en su momento algo como “una nueva entrega en breve”, originaba tormentas de arena en mi cabeza que arrancaban de raíz cualquier posible intento de germinación floral de ideas.
Sin embargo, aquí me encuentro, en un pueblo perdido de la mano de Dios, con un montón de gente muy amable que apenas entiendo y un proyecto a medio-largo plazo con límites demasiado difusos. ¿No suena a algo? Sí, cambiando “Frisinga” por “Jardín de Nabos” y en lugar de retar a un mundo completamente desconocido como fue la Universidad y la vida alemana, me enfrento a algo (¿peor?) que no sé si me vendrá muy grande. Una especie hasta ahora bastante desconocida: los niños, en concreto, los niños alemanes.
No sé si todo este preámbulo habrá servido como introducción, como disculpa o como un simple paso de página. Quizás el cambio de formato del blog ya haya sido suficiente. Para concretar, siento el haber abandonado mi tarea en cuanto mi vida empezó a ponerse interesante. No sólo escribía para canalizar el contacto con el mundo exterior (principalmente español). Escribir me ayudaba a pensar y sobre todo, a asimilar tantas novedades repentinas.
Y me ha vuelto a pasar. Necesito canalizar y asumir este nuevo y extraño entorno. Hay sin embargo, dos grandes diferencias; esta vez no creo que mi vida se ponga tan interesante y principalmente, como no quiero volver a abandonar, me comprometo firmemente a no escribir todos los días.
No quiero enrollarme en preámbulos, aunque decir esto a estas alturas puede sonar ya a pitorreo. Así pues, breve resumen para los que estén descolocados:
Tras acabar la carrera, hacer una entrevista de trabajo (sólo una a pesar de haber enviado varios CVs), que no me seleccionaran por los pelos y pasar Navidades relajada en casa, decidí enfrentarme al carné de conducir y aprobarlo!!!!!!! (el 29 de febrero, así que tendré que renovarlo cada 40 años, juas juas juas).
Así pues, entre examen y examen de conducir (sí, aprobé a la segunda) y viaje y viaje a Inglaterra, tuve un vacío existencial por no saber qué hacer con mi vida.
En un arrebato ganz spontan, me fui a hacer un curso de alemán en München (durante todo marzo) y por qué no, ya que estaba en Alemania, concluí que me podía quedar a aprender un poco más. ¿Pero cómo? Ahí llego el momento de iluminación en que decidí dar forma a una idea que me barruntaba. Decidí definitivamente ser Au Pair.
Resumen completado. Hace 4 días que me he mudado a un pueblo perdido de la mano de Dios, en el seno de una familia modelo alemana, típica de fondo de los marcos de fotos que venden en los chinos.
Opiniones, he escuchado de todos los gustos y colores. Que si muy bien, que si cómo se te ocurre ir a hacer de chacha y criar niños (niños alemanes!!!), que si es una oportunidad única, que si te van a explotar, que si para esto has estudiado...
Creedme; desde que acabé a mediados de noviembre, cada nuevo mes atisbaba una sorpresa con tintes de incertidumbre. Y la sensación de volver a tener una meta fija y un camino claro, al menos hasta el verano, me reconforta enormemente.
Claro está que no me voy a quedar aquí para siempre, pero estoy orgullosa de empezar esta nueva (y nada sencilla) etapa y sobre todo, por primera vez en mi vida, ser casi totalmente autónoma.
Esto es todo por hoy. En breve, aventuras y desventuras desde “El Jardín de Nabos” (Rübgarten).
Me gusta volver a leer tu blog,y no,no es triste.
ResponderEliminarCuando las niñas alemanas(y la familia) te conozcan,te adorarán.
Eres un brillante pulido.
No te preocupes, de todas las experiencias se sacan cosas positivas. :-)
ResponderEliminar